Por la cara de pena de este amigo parece que lo hayan abandonado en la cuneta de cualquier carretera comarcal de mala muerte. Sería un buen modelo para aquella campaña contra el abandono de mascotas de “Él nunca lo haría”.
Nada más lejos de la realidad, no es un perro abandonado, vive en una casa feliz con sus dueños y es un perro muy tranquilo y juguetón, pero en ese momento le pillé esa cara de pena. Un placer conocerlo!


